domingo, 22 de marzo de 2009

CUARENTA Y TRES VECES



¡Ah, principito, cómo he ido comprendiendo lentamente tu vida melancólica! Durante mucho
tiempo tu única distracción fue la suavidad de las puestas de sol. Este nuevo detalle lo supe al cuarto día,
cuando me dijiste:
—Me gustan mucho las puestas de sol; vamos a ver una puesta de sol…
—Tendremos que esperar…
—¿Esperar qué?
—Que el sol se ponga.
Pareciste muy sorprendido primero, y después te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
—Siempre me creo que estoy en mi tierra.
En efecto, como todo el mundo sabe, cuando es mediodía en Estados Unidos, en Francia se está
poniendo el sol. Sería suficiente poder trasladarse a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol,
pero desgraciadamente Francia está demasiado lejos. En cambio, sobre tu pequeño planeta te bastaba
arrastrar la silla algunos pasos para presenciar el crepúsculo cada vez que lo deseabas…
—¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadiste:
—¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.
—El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?
Pero el principito no respondió.

Antoine de Saint - Exupéry

SOLITARIEDAD



Solitariedad

Todo es como las líneas del agua;
lo cristalino posee un oscuro origen
y la curvatura del diáfano horizonte
es boscaje o lóbrega profundidad.

En el estanque de la asolada multitud
no hay nada ni nadie y el peldaño
de los árboles con sus guirnaldas de frutas
es una extraña osadía en el corazón.

De hinojos ante un maldito espejo
oteo las líneas de la exactitud
y levanto planicies imaginarias,
más allá del extremo horizonte...

Elías Letelier

AGUA MUJER



AGUA MUJER

¿Qué me copiaste en ti,
que cuando falta en mí
la imagen de la cima,
corro a mirarme en ti?

Juan Ramon Jimenez

ARDE ÉSTA TARDE...



...Arde la tarde y yo ardo con ella nunca más veré igual las estrellas
arde el amor y se consume como olvidada agua hirviendo en el corazón
arde nuestra ciega y soluble vida ante la inminente negra mirada de la noche
arde ésta tarde en tus ojos como en tu pecho
arde ésta tarde en tus silencios como en tus versos
arde ésta tarde en tus vivos como en tus muertos
arde ésta tarde en las virtudes como en los vicios
arde ésta tarde en los muertos como en los vivos
arde ésta tarde en el desierto como en el mar
arde ésta tarde en el campo como en la ciudad
arde ésta tarde en las arterias como en las venas
arde ésta tarde en el cielo como en la tierra
amén…

Ivan Ortega

CUANDO TODO SE DETIENE



...Está tendido el horizonte y la penumbra se despliega.
Dentro de poco llegará el momento
en que todo se detiene y cada cual,
por su cuenta, cierra los ojos y muerde los labios.

Con todo, ¿dejaremos que esto sea algo amargo y terrible,
que el resto pierda su dulzura
como un durazno al caer y pudrirse en el suelo?

Asuntos que el atardecer diluye para así llenar su copa
o abrir una segunda luz, un camino, capaz
de orientarnos hacia la irisación de otra mañana.

Juan Ramón Mansilla

"Atardecer"

A LA LOCOMOTORA



...Por eso admira y entusiasta adora,
realización de su ideal quimera,
la audaz Locomotora
que, en rápida carrera,
los espacios famélica devora,
y va, con sus silbidos,
despertando los pueblos adormidos.

Por eso os rinde sin igual tributo,
¡oh seres! que en la tierra
días pasasteis de amargoso luto,
de insólito desvelo,
con lo arraigado, en trabajosa guerra,
y que, al dejar el miserable suelo,
tan sólo visteis verdear el fruto...

Melchor de Palau
"A la locomotora"

PRIMAVERA DE LA VIDA



Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?

Rosalia de Castro
"Dicen que no hablan las plantas"

sábado, 21 de marzo de 2009

ME SENTE EN LA ORILLA



Yo me senté en la orilla;
quería preguntarte, preguntarme tu secreto;
convencerme de que los ríos resbalan
hacia un anhelo y viven;
y que cada uno nace y muere distinto
(lo mismo que a ti te llaman Carlos).

Quería preguntarte, mi alma quería preguntarte
por qué anhelas, hacia qué resbalas, para qué vives.
Dímelo, río...

Damaso Alonso

CON SABOR A MANDARINA



...y en ríos de sangre hervida con sabor a mandarina?
¿Sabías que las rosas cuentan
historias entre aroma y aroma?
No puedes morder recuerdos
aunque sean de caramelo.
¿Cómo duermes
sabiendo que las paredes miran,
respiran
oyen y conversan con la cama?
Pude caminar entre tus pétalos
y a través de ellos socavar mis angustias.
Pues el fluir de tus aguas trae paz y calma...

Oscar José Fernández

DESDE SAAVEDRA...



...Cuando llegaba el invierno desde Saavedra o Pigüe
cuando llegaba el invierno desde Saavedra o Pigüe
echaba el mono en un carga de esos que ya no se ven
un salamín y un atoro, Ah hija pucha y metale.
Salía de ajuera pa´ adentro por la vía espartillar
Salía de ajuera pa´ adentro por la vía espartillar
a veces pasaba un tiempo por Cascada o más acá
o en el puente la ventura braziando un bagre al azar.
Los trenes son de nosotros y los caldenes también
los trenes son de nosotros y los caldenes también
a veces tiraban leña los fogoneros del tren
pa´ que calienten las patas los del sur de Huanguelén
Nunca ´e nombrau´ a mi pago ahora sí que lo nombré
Nunca ´e nombrau´ a mi pago ahora sí que lo nombré
tanto amagarle un halago y al final me le animé
por la leña que tiraban los fogoneros del tren.

Jose Larralde
"El Berrero"

EN LA OSCURIDAD



...Yo te he visto en los intervalos: la luz
a rachas alumbraba tu rostro en la tormenta.
Eras tú y no eras: pues en la oscuridad
yo te llamaba y tú me respondías,
y también era tuya esa negrura,
tuya como el eco absurdo del viento.

Jordi Doce